Lo encontramos hace muchos años en una feria de Usaquén y, desde el primer momento, supimos que era una pequeña joya.
Con el tiempo, los gatos de la casa hicieron de las suyas y su tapicería sufrió más de una batalla. En LAB.CERO decidimos darle una segunda oportunidad, restaurándolo con una nueva identidad que conserva el valor emocional de una pieza que ha sido parte de nuestra historia.

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